Manuela Mur, la sancarlina que “inventó” la Feria del Libro

El domingo finalizó una nueva edición de la Feria del Libro en Mendoza. Manuela Mur fue la escritora que, en la década del ’60, inspirada en las Ferias que se hacían en Madrid, quiso que Mendoza realizara estos eventos que acercaban a escritores y lectores.

Marcela Mur en la Feria del Libro de Mendoza
Marcela Mur en la Feria del Libro de Mendoza

por Marcela Hinojosa 

 

El domingo finalizó una nueva edición de la Feria del Libro en Mendoza, un evento que cada año convoca a miles de interesados en las letras. Pero los inicios de estos encuentros no fueron simples ni fáciles, y quien los impulsó fue la escritora sancarlina Manuela Mur.

Dueña de una personalidad fuerte y poco entendida por los coterráneos de su época, Manuela Mur fue, antes que nada, una incansable gestora cultural y la Feria del Libro es uno de sus más importantes legados.

En la década del 60’, siendo directora de la Biblioteca General San Martín, e inspirada por sus experiencias en Madrid, quiso que en nuestra provincia se realizaran las ferias del libro, jornadas que permitieran el acercamiento entre escritores y lectores.

No fue fácil. Habían existido otros intentos, fracasando siempre porque la gente se llevaba los libros y los editores no estaban dispuestos a más pérdidas del material. La Mur se hizo cargo, se responsabilizó personalmente y en el primer cuarto de la década inició una seguidilla de cinco ferias. El éxito fue enorme y, ya alejada del cargo de directora de la biblioteca provincial, se fue a Buenos Aires, donde entusiasmó a los porteños con el evento que se instalaba en la recientemente inaugurada calle Florida.

Poco reconocida en su tierra natal, Manuela Mur fue poeta, ensayista y bibliotecóloga. Con un carácter fuerte y un sentido del humor ácido y punzante, plasmó en sus obras literarias una sensibilidad que no demostraba en su vida cotidiana. Quienes la conocieron, recuerdan a una mujer seria y conservadora, aunque algunos más íntimos hablan de una personalidad escondida, que nada tenía que ver con lo que exteriorizaba habitualmente.

Pero en sus obras transmitió mucho de sus verdaderos sentimientos. Aunque vivió gran parte de su vida en Buenos Aires, siempre escribió de su tierra natal: sus poemas recrean su cariño por el terruño y sus novelas son crónicas de costumbres, historias y leyendas de su lugar de origen.

A lo largo de su vida obtuvo numerosos premios y reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Literatura, por dos de sus obras: Quintín o Memorias de un gorrión y, Gansos y Pericotes. En esta última, una novela costumbrista, amalgama historias de Pareditas con una descripción fina de paisajes y costumbres del lugar y la vida política y social del departamento del Valle de Uco, a principios del siglo pasado.

Su obra póstuma es una continuación de esta novela, la tituló “Los hijos de gansos y pericotes” y fue editado en 1993, un año después de su fallecimiento. Tenía 77 años cuando escribió este libro y en su corazón conservaba la frescura de los años tiernos de la niñez y la capacidad de asombro a flor de piel.

Link permanente: http://www.mdzol.com/mdz/nota/71922

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