Tierra Sublevada: Oro impuro

Cuando el suelo se vuelve cardo

Por Hernán Panessi

Tierra sublevada es un díptico compuesto por los documentales Oro Impuro y Oro Negro. Se trata de la continuación de una saga propuesta por el controvertido director Fernando “Pino” Solanas, hombre de ferviente militancia política por una realidad mejor, sobre los fatídicos negocios de la República Argentina de los últimos años.

La depredación de metales e hidrocarburos en el país son algunos unos de los grandes negocios de los corporativistas. Solanas mantiene, en esta primera parte, una posición por sobre ello y decide, mediante su mejor arma: el cine, poner en tela de juicio el accionar corrupto de los factores actuantes, abriendo el diálogo hacia una –posible- nueva norma jurídica que garantice el cumplimiento de justicia y de los pactos pre-establecidos.

Oro Impuro es una advertencia. Oro Impuro señala fatalidades. Ya desde el subtítulo, la película reza en desgracia: “La Tierra se subleva ante el saqueo de los metales y la contaminación”. Este viaje hacia las explotaciones inescrupulosas de cianuro es producto de la desidia humana. ¿Nadie ve la destrucción ambiental? ¿Las graves (¡gravísimas!) consecuencias de las poblaciones aledañas? De eso hace eco el director, representando el necesario hincapié verídico de una obra entre testimonial y denunciativa. Notificar para evitar, de eso se trata.

El documental tiene un desarrollo presentado en didácticos episodios: una introducción, un desarrollo distribuido en 10 capítulos (1. La megaminería; 2. Viaje a Minera Alumbrera; 3. Lo que se llevan; 4. Lo que nos dejan; 5. La vida pobre; 6. Sobornos y resistencias; 7. Complicidad y justicia; 8. El poder de Barrick Gold; 9. El agua vale más que el oro; 10. Asambleas Ciudadanas) y un epílogo abierto hacia interrogantes a resolver… por el bien de todos.

¿Cómo acabar con las políticas neoliberales y la década del ’90? Este documental denuncia con nombres y apellidos (sin rodeos, con pito y cadena) a los máximos responsables de la exposición de residuos tóxicos y se proclama humanizar –hacer ver- ambientalistas historias de resistencia, otorgando una bienvenida voz alternativa. Además, pretende no quedarse sólo con el dedo acusador, sino que se infiere que el trabajo de vomitar verdades puede abrir cerebros en el marco de salvarle vidas al país. ¡Qué no se corte!

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