Jorge Crowe: “Pongo en crisis el concepto de lo obsoleto y realizo una lectura sobre la basura”.-

 

No tiene parentezco con MacGyver y, en rigor, lo que lo aproxima al héroe de Richard Dean Anderson es su habilidad para “hacer cosas” ensamblando displays, cables y juguetes. Con sólo 9 años, le puso un brazo robótico a un muñeco de He-Man, y desde entonces no paró: estudió en Mendoza, su provincia natal, y luego en Buenos Aires, donde vive desde 2006. Con 33, es docente e inventor, además de un “ciruja” de barba y babuchas que, en una charla con Agencia NAN, aconseja: “Hagamos y obtendremos conocimiento. El conocimiento nos dará poder de decisión, y éste conciencia política y social.”

Por Luis Paz
Fotografías de Daniel Villalba

Buenos Aires, enero 22 (Agencia NAN-2010).- Entrar a la casa de Jorge Crowe es como probar una nueva droga: montones de sonidos, colores, luces, formas y movimientos comienzan su danza casi sin que uno se dé cuenta, el experimentador se pierde y, al final del viaje, acaba con la sensación de que algo más ha alcanzado a saber, entender o hacer. Lo mejor es que lo que Crowe crea no está tipificado como delito, no genera resaca, jaqueca ni desórdenes gastrointestinales y puede ser hecho y usado con mucho menos dinero que el necesario para las dosis mensuales de cualquier estupefaciente de venta libre, bajo receta o clandestino. Pero, ¿qué es lo que hace? Él dice, humildemente, que trabaja “ensamblando objetos y creando herramientas” a partir de lo que encuentra en la calle. Pero como el de los cartoneros, su quehacer también tiene una función social: la reutilización de tecnologías que el mercado global entiende como obsoletas, su resignificación como materia prima para nuevas herramientas, dispositivos y hasta instrumentos audiovisuales casi sin precedentes.

“Lo primero que debo haber hecho fue modificar mi Manatan de He-Man a los 9 años. Se le perdió un brazo y le hice uno robótico. Fue en mi casa de Tunuyán, donde crecí, una ciudad pequeña al sur de Mendoza. Después me mudé a la capital para estudiar Artes Plásticas, di un par de vueltas más y desde 2006 vivo en Buenos Aires. Acá empecé con la experimentación sonora, aunque venía modificando sistemas de imagen. Pero la experimentación sola no me alcanzaba para aprender, e hice un posgrado de electrónica aplicada al arte en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA), en 2008, y ahí conseguí el conocimiento teórico, que es muy necesario para avanzar”, resume Crowe, inventor, artista y docente de 33 años, de apariencia hippie, laptop con soft libre, discurso libertario y arte steam punk.

Lo más importante que le ha dado Buenos Aires es chatarra, montones de chatarra electrónica, mecánica y lumínica. Jorge la junta y, algo de teoría y bastante de maña mediante, logra, por ejemplo, hacer un dispositivo que, a partir del simple tacto, crea en tiempo real imágenes inspiradas en la obra de Xul Solar o Kandinsky.

Antes de Jorge Crowe, esto era sólo una lista:

– Un cajón de heladera
– Media docena de bases de copas de plástico de cumpleaños de 15
– Un puñado de cables multicolores
– Un display (“una pantalla”) de una notebook rota
– Una docena de tapas de botellas de gaseosas
– Tres docenas de tachas

Después de Jorge Crowe, se convirtió en lo que se puede ver en este link:

http://www.vimeo.com/2454066

Eso, precisamente, es el tipo de cosas que hace. Porque en definitiva Jorge “hace cosas”. De allí el por qué de que el título de su blog sea “h.cosas” (http://jorgecrowe.com.ar/). Allí no sólo pueden verse el set audiovisual que realizó en una fiesta, sus conclusiones de charlas sobre tecnologías aplicadas al sonido, los videos de sus creaciones en acción o el obligado apartado curricular en el que se acumulan diseños de dispositivos para cine y teatro, sino también toda la información relacionada con los talleres que ofrece en su propia casa (¡no sólo de electrones vive el hombre!).

— ¿Por qué la música y no el tubo de ensayo?
— Siempre me gustó la ciencia pero no hubiera podido ser científico. Lo que me gusta es la ciencia ficción, los Rasti y la experiencia que hay en eso de desarmar juguetes y reconstruirlos de una manera nueva. El arte te da la libertad de crear cosas que no sean necesariamente útiles para lo cotidiano, es un espacio de libertad muy grande.

— Se ha escrito mucho sobre la función social y política de la ciencia, sobre todo a partir de la bomba atómica. ¿Qué función le encontrás a lo que hacés para que no quede en el jugar y nada más?
— Todo tiene un concepto y una postura social o política, incluso si uno no lo pretende, es inevitable. Creo que el concepto de lo que hago tiene que ver con la resignificación de las “bajas tecnologías”, el llamado low tech, y la reutilización de tecnologías obsoletas. En lo que hago hay una puesta en crisis del concepto de lo obsoleto y una lectura sobre la basura que nos rodea y sobre un mercado dirigido a que el consumo de bienes electrónicos sea cada vez más acelerado y que genere, por eso mismo, un volumen cada vez mayor de residuos.

— Entonces es un concepto ético y político, lindante a lo filosófico.
— Intento un consumo ético de tecnología, pero la verdad es que mi motivación final es que soy ciruja, me encanta revolver. El cirujeo es anterior a cualquier discurso ecológico o político que pueda darte.

— Y si intentáramos un discurso tecnológico, ¿cuál sería?
— El discurso dominante es el de que la tecnología se crea en el primer mundo. Pero el primer mundo tira lo que el tercer mundo come. Acá hay miles de cosas que no llegan, entonces crear obra tecnológica implica reutilizar cosas preexistentes para hacer lo inexistente. Tengo ganas de hacer y no puedo esperar un subsidio. Si necesito algo, veo cómo lo puedo fabricar. No quiero detenerme a esperar las herramientas, ni las condiciones ideales, porque no existen.

Condición ideal: entre tres y cinco mil dólares para poder comprar un proyector y un controlador que lo relacione con una máquina de ritmos, programada para generar imágenes geométricas en tiempo real en función del patrón rítmico.

Condición Crowe: doscientos pesos para insumos electrónicos, una bandeja de equipo de música rota, un gato de juguete, una consola de ocho canales arreglada-en-casa, algunos cables plug-plug que un amigo músico iba a tirar y alguna que otra cosa más, nada demasiado raro.

Sí, Jorge Crowe usa barba y babuchas de tela liviana, pero está más cerca del Hacelo vos mismo punk que de la Primavera del amor hippie. “En otros lados se da por opción eso de hacerlo uno, pero acá no queda otra. ¿No existe? Hagámoslo y en el camino obtendremos conocimiento. El conocimiento nos dará poder de decisión. Y con poder de decisión es muy probable que se forme conciencia política y social”, relaciona.

¿Podría él armar un dispositivo que convenza de eso a todos los que gestionan, programan, dirigen, permiten o no el acceso y archivan el conocimiento? Tal vez, si se inicia una colecta de materiales vía Internet. Pero como el desastre (¿natural?) en Haití no ha dejado plazas libres en las redes sociales para otras formas de voluntarismo virtual, la Máquina sigue en veremos.

Mientras tanto, o sea mientras usted lee esto, Crowe prepara la charla que dará este fin de semana en Porto Alegre, una reproducción de la disertación sobre “Música en un bit y universo Low Fi: ¿cómo generar objetos de sonido con tecnologías obsoletas?” que dio en el último Fábrica de Fallas, el festival de cultura libre que organiza FM La Tribu. Pero esta entrevista ocurrió la semana pasada. Y él decía…

“Está bueno entender que tecnología no es sólo el Iphone, el BlueRay o los MP3. Una tecnología es algo que facilita nuestra vida cotidiana, algo que sirva para medir el nivel de humedad de tus plantas y que se rieguen solas, ponele. La tecnología está presente en todo momento.”

— Y sin embargo, casi no la conocemos. Sabemos tan poco de ella…
— Se está gestando a nivel global una movida que tiene que ver con recuperar el conocimiento de cómo funcionan las cosas. Es vital, porque cuanto más ignorantes seamos, menos poder de pensarlo y cambiarlo hay, y terminamos convencidos de que necesitamos lo que consumimos. Hay que parar la bola y usar con conciencia, no comprar lo que no nos sirve.

— ¡Eso deja muy pocas opciones en las que gastar el dinero!
— Si te ponés intransigente, no podés comprar nada porque todo tiene metales pesados, baterías, contaminantes, todo fue creado con mano de obra esclava y viola un montón de normas. Pero lo que podés hacer es elegir tecnologías más abiertas, usar soft libre, herramientas más compatibles y útiles, sin restricciones. Creo que lo más necesario en lo inmediato es migrar hacia un soft libre en la casa, la escuela, la oficina y el gobierno. Usamos mayoritariamente un sistema operativo restrictivo que genera gastos gigantescos al estado, pero enormes ganancias a compañías, lo que termina condicionando que nos enseñen a usar un formato comercial en la escuela. Es un sinsentido.

* Jorge Crowe ofrece talleres de modificaciones de juguetes, armado de sistemas audiovisuales, tecnología libre y lo-fi. La información sobre ellos, sus obras y reflexiones están publicadas (libremente, como no podía ser de otro modo) en su sitio web.

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