La salud es sagrada

La salud es sagrada

Por Gisela Manoni – Corresponsalía Valle de Uco – gmanoni@losandes.com.ar

Salud, dinero y amor… “Primero la salud, porque el que no la tiene no puede disfrutar los otros dos”, decía siempre mi abuela. Su vida como hija de inmigrantes llegados con el alma llena de sueños y los bolsillos vacíos, su infancia de pocos libros y demasiado trabajo en la viña, su profundo dolor de perder al único hijo varón y su larga vejez compartida le habían enseñado que “con la salud no se juega”.

Será por eso que cuesta entender que el derecho a la salud pública, que debería ser igual para todos, vaya perdiendo calidad a medida que se aleja del Kilómetro Cero. Esta columna inevitablemente va a sonar a lamento, pero no hay otra forma de hacerse eco de las quejas que se han cansado de expresar los vecinos… hasta mostrar cierta resignación por el sistema sanitario que les ha tocado en suerte “padecer”.

El tiempo es una variante clave en casos complejos. Por no tener equipamiento adecuado, profesionales especializados o porque los médicos están cansados de “recibir casos de complejidad con recursos de centro de salud”, la gente tiene que ser derivada y muchas veces no resiste el traslado.

Más allá de urgencias y complejidad, meses atrás las maternidades de los hospitales Tagarelli de San Carlos y Las Heras de Tupungato dejaron de funcionar. Todos los profesionales coinciden en que era un riesgo seguir trabajando “en esas condiciones”.

Como efecto previsible, la maternidad del Scaravelli de Tunuyán está abarrotada de gente y hoy piden que aceleren un proyecto de ampliación del área, por el que la institución viene peleando hace unos años pero que no logra ser incluido en el presupuesto.

La falta de profesionales es un gran tema y más cuando se trata de especialidades. Hay médicos que se quejan porque no cuentan con ningún incentivo que los haga viajar 80 ó 100 kilómetros diarios. En cuanto a los residentes, ¿quién va a elegir hospitales de la “periferia” para realizar sus prácticas, cuando en lugar de recibir formación y capacitación, como lo harían en los centros citadinos, son tomados para reemplazar el recurso humano faltante, a bajo costo y haciéndose cargo de guardias calientes y de otras carencias?

“Cuando veo que a mis hijos no les baja la fiebre, ni hago el intento de llevarlo al hospital. Agarro el auto y parto a Mendoza”, es la reacción de muchos matrimonios jóvenes de Tupungato. Sucede que el hospital departamental Las Heras no cuenta con guardia pediátrica y, después de peregrinar para ver si algún profesional puede atender fuera de su hora de consulta, los papás terminan igual en algún nosocomio de la Capital.

Las obras sociales merecen capítulo aparte. No les conviene o no quieren esforzarse por hacer convenios “razonables” con profesionales que atienden en departamentos alejados. Entonces, como siempre, el paciente debe resignarse a guardar su credencial y pagar la consulta al precio que el médico disponga.

Así las cosas. El panorama no auspicia mejoras. Los sancarlinos esperan desde hace décadas la construcción de un nuevo edificio para el Tagarelli y hasta cuentan con el terreno para ello. Pese a las eternas promesas, la construcción nunca empieza. “Es pura cáscara, para conseguir votos”, eso me dijo enfurecido un médico de guardia días atrás.

 

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