Los Frutos de la Intuición

Nota de Cielos Argentinos

Pedro Aznar es, antes que un músico, un creador. Lo demuestra cada día haciendo música, pero no se restringe sólo a eso. Un nuevo emprendimiento lo deslumbra: hoy realiza su propia línea de vinos. Reconoce que es un universo nuevo, pero no se acobarda. Todo comenzó en el año 2012, cuando Aznar conoció en Mendoza a Marcelo Pelleriti, uno de los referentes de la enología argentina –además de músico– durante un alto de la gira de su disco “Ahora”. “Marcelo me llevó a conocer la bodega Monteviejo, en Valle de Uco –donde trabaja– y hacer una recorrida por sus viñedos. Nos dimos cuenta muy rápido de que teníamos muchas cosas en común. Él se quedó sorprendido por mi interés intenso en el mundo del vino. Me invitó a hacer un corte, un blend de vino a mi manera, a mi gusto. Me pareció un juego creativo hermoso. Y la verdad es que fue un viaje de ida. Quedé completamente enganchado. Aluciné con el trabajo del hacedor del vino. Algo que es muy parecido a la composición musical o a escribir poemas. Involucra todos tus sentidos, y sobre todo tu intuición. Es una mirada artística absoluta. Tiene algo de ciencia y algo de arte. Descubrimos que los dos éramos fanáticos de la uva Cabernet Franc”, cuenta Aznar. Y esa coincidencia fue el disparador: ambos se asociaron para crear el proyecto “Abremundos”, con el que lanzaron las marcas Octava Basa, Octava Alta y Octava Superior, que formarán parte de vinotecas y restaurantes selectos, y que se va a poder comprar directamente en su bodega en Valle de Uco o por venta online.

Este año comercializarán 25.000 botellas, y la cosa irá en aumento. Aunque –aclara– “no nos queremos enloquecer ni convertirlo en un gran emprendimiento. Lo encaramos con mucha calma”. En la actualidad, comandan la construcción de la bodega y ya estuvieron realizando la plantación de la primera parcela de Malbec –dos hectáreas–. “Vamos a terminar de plantar en septiembre. Planeamos tener en esa finca uvas más inusuales y hacer vinos especiales, con cortes más osados. Ahora estamos elaborando nuestros vinos con uvas compradas en otros viñedos en Valle de Uco. De acá a unos años tendremos nuestras propias uvas”.

Aznar dice que, antes de esta gran experiencia, sólo asistía a algunas degustaciones de vinos. “El tema del vino siempre me interesó. Era un viejo sueño entrar a este mundo desde el otro lado de la botella –por así decirlo–. Ahora estoy estudiando la carrera de sommelier –estoy en segundo año–, así que perdí la inocencia de 2012 cuando hice mi primer blend.

– ¡Uy! Se acabó la intuición…

–No, la intuición es lo que comanda siempre. Una vez que te metés a estudiar y a conocer, te entrenás en el arte de la cata –que es todo un mundo- y empezás a hacer cortes de vino, ahí te involucrás de otro modo. Igual que con la música. Yo soy un músico entrenado, tengo formación porque estudié muchos años, pero cuando me siento a componer no estoy pensando en todo ese bagaje. Felizmente, las cosas que estudié me las olvidé u operan en un nivel más inconsciente. No hay que estar pendiente de cómo se hacen las cosas. Si operás desde el manual nunca vas a dejar de hacer una cosa cuadrada, predecible o aburrida. La intuición es una cosa más rica. Te permite hacer cosas que rompen el molde.

–Ahora que tenés un viñedo, vas a tener que lidiar con las cuestiones climáticas…

–Es parte del asunto. Es igual al estrés que te da un mal sonido cuando hacés un concierto. Son las reglas del juego. Puede ser que en un año tengas una cosecha magra, que no obtengas ni el volumen ni las características que buscabas. Puede pasar de todo. Todo en la vida implica un cierto riesgo.

–No depende de nosotros…

–No, está la madre naturaleza metiendo mano, y lo bien que hace. Mi relación con la tierra jamás había pasado más que de la jardinería hogareña, así que todo esto es algo muy nuevo para mí.

A no desesperar, que la música sigue. Este año, Pedro se prepara para salir de gira con un show a la carta; es decir, es el público el que elige las canciones de la prolífica carrera de Aznar, y las más votadas –a través de la página web del músico– formarán parte del repertorio de los conciertos que dará en buena parte de nuestro país. Además, en breve saldrá el DVD del show unipersonal que el año pasado presentó en el Gran Rex –en el marco del lanzamiento de su último disco, “Mil noches y un instante”– y que lo muestra, además de rockero, como un eximio folclorista de la mano de una sociedad artística con Teresa Parodi.

“Felizmente, las cosas que estudié me las olvidé u operan en un nivel más inconsciente. No hay que estar pendiente de cómo se hacen las cosas”

–Siempre fuiste un músico que se caracterizó por su nivel de cohesión con géneros que no son propiamente el rock…

–En cuanto a lo estilístico, me pienso como un músico popular argentino. El rock es mi casa, es la música que me formó. Pero lo que me emociona y conmueve es la buena música. En la Argentina hay cosas de un valor extraordinario. Me enorgullezco de ser parte de una tradición musical con gente tan ilustre. Tenemos autores de un peso impresionante que, injustamente, no son tan conocidos en el mundo. Es diferente a lo que pasa con la música de Brasil, que ha alcanzado una visibilidad internacional muy importante.

–¿La música popular argentina existe como movimiento?

–Yo creo que ni la Música Popular Brasileña (MPB) existe como movimiento, por lo menos actualmente. Y eso tiene que ver con la enorme diversidad que existe en la música de allí. Cuando un fenómeno cultural crece tanto es difícil que pueda ser un movimiento. El movimiento necesita una cohesión. Sí existe el orgullo de pertenecer a una tradición; en eso los músicos de Brasil la tienen muy clara. Sin embargo, eso está pasando aquí también. Cualquier músico argentino reconoce a Piazzolla como un padre, a Yupanqui como un padre, a Spinetta como un padre. No importa la música que toquen. Hay esa sensación de pertenecer a un hilo histórico, que fue comunicando cultura a través de las décadas.

–¿Creés que hay buenos vocalistas en el rock local o se trata de buenos artistas que cantan lo que hacen?

– No sabés en qué terreno difícil me estás metiendo… [se ríe]. Se trata de gustos personales, en todo caso. Ricardo Mollo me parece una gran voz del rock. Gustavo Cerati y Luis Alberto Spinetta, también. Después hay otros de los que te podés preguntar si tienen buenas voces, pero ¿importa eso? Mirá a John Lennon. ¿Era una buena voz del rock? Yo qué sé. Y al mismo tiempo, sí. ¿Qué otro puede hacerte temblar los huesos cantando “Strawberry Fields Forever”? ¿Es un cantante con el dominio y capacidad de Marvin Gaye? No, tal vez. Es un tipo que tiene una voz más chiquita, con menos registro, más rasposa, más nasal. El mismo Lennon decía que no le gustaba su voz y pedía a sus ingenieros de grabaciones que le pusieran efectos. Esos ecos al estilo Elvis. Era todo para enmascarar su voz, porque no se sentía seguro. Paul McCartney es un cantante mucho más dúctil, que puede ir del grito más desgarrador a la voz más aterciopelada. Lennon no lo sentía así, pero ¿eso importa? Muy poco. Es un artista que conmueve, que comunica lo que escribe. Yo admiro las voces capaces y dúctiles, manejadas desde una tremenda musicalidad –como puede ser la de Sting–, y al mismo tiempo me quedo conmovido de oír cantar a Tom Waits. Es una obra de arte. Si Waits fuera a hacer una audición para una obra en Broadway, lo sacarían a patadas [risas].

–Fue muy conmovedor el espectáculo que hiciste con canciones de Spinetta, a pocos meses de su muerte, sobre todo por la capacidad de reproducir los temas casi en forma calcada…

–En la mayoría de los casos decidí respetar a rajatabla la estructura de cada canción. Eso hago toda vez que hago una versión de la obra de otro: la miro con mucho respeto y me pregunto si voy a cambiar algo o no. En el caso de las canciones de Luis no sentí que hubiera que cambiarles ni una coma, ni un acento, ni un sonido, ni nada. No quería hacer un trabajo de un revisionismo histórico cabal, no quería hacer una remake. Son canciones que dicen lo que tienen que decir, lo dicen de la manera que hay que decirlo y no hay que cambiarles nada. Sí me propuse que sonara auténticamente a mí en 2012, que nada sonara impostado. Yo quería ser un canal de esa obra, lo más limpio posible.

–Qué difícil y compleja es la obra de Spinetta…

–Yo creo que presentar una obra en público siempre es difícil. Te exponés a la visión de los otros, a la crítica. Pero al mismo tiempo, si lo que presentás viene de un convencimiento profundo y eso salió de tu intuición, lo que puedan decir no debería por lo menos ser un factor que cambie tu obra. Podrás hacer cosas o no para que lo que hacés tenga más alcance, pero no deberías hacer música para gustarle a nadie. Sólo te tiene que gustar a vos. Y poder comunicarlo de la mejor forma posible para que los otros también lo puedan disfrutar. Eso Luis lo tuvo toda su vida muy claro. Cuando se opera desde ese lugar, lo que vaya a pasar después con la recepción de tu obra queda más allá de vos. Los demás la tomarán o la dejarán. Por supuesto, vas a preferir que lo que hacés guste. Es como el vino. A algunos les va a gustar más que a otros. Tiene que ver con las personas, con el paladar. Como con la música, pretender gustar a todo el mundo es una tontería. Es una necedad querer eso. No es real.

http://todoshow.infonews.com/2014/05/06/todoshow-142562-los-frutos-de-la-intuicion.php

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s