Una joven enóloga mendocina es, desde un corto tiempo a esta parte, el comentario de varias charlas en las que el vino también es protagonista. Su nombre va de boca en boca, y varios quieren probar sus vinos. Es que fue una de las revelaciones de los últimos años en lo que a calificación y prestigio se refiere.

“Empecé trabajando en el año 1994 en Chandón. ¡Veinte años! Estoy en mi cosecha número 21 como enóloga. Siempre soñé con el proyecto de vinos propios. En el año 2008, trabajando como segunda enóloga en Norton, finalmente me decidí a hacerlo”. Así empieza María Jimena López Campos a explicar cómo llegó a ser la enóloga revelación de nuestra provincia y del país en la última puntuación Parker, la forma que tiene la publicación Wine Advocate -seguida por todo el mundo del vino y la enología- para clasificar a los mejores vinos del mundo.

¿Qué dijo Wine Advocate?

La prestigiosa publicación comenzó explicando que se trata de un vino compuesto por uvas Malbec 2012 de Perdriel, con una adición de alrededor de 20% de uvas de Tupungato. “El vino muestra muy buena integración del roble y aromas frescos de cerezas y un increíble paladar fresco, especialmente el de esta edición de 2012. Es fluido, con buena tensión, sabores limpios y un final persistente. Se trata de un elegante, delicioso y fresco Malbec equilibrado, a un gran precio”. Finalmente, recomiendan que se beba entre 2013 y 2020.

“Graffito es un proyecto personal de Jimena López, quien ha trabajado en diferentes bodegas (como Pulenta y Norton) hasta que comenzó a hacer vino 100% Malbec de un viñedo de 3,5 hectáreas, en Perdriel, plantado en el año 1902”, finaliza el texto.

Conociendo a Jimena López Campos

Su currículum es impresionante. “Empecé trabajando a los 18 años en los laboratorios de Chandon. Allí trabajé cinco años, conocí a quien es mi esposo hoy, me casé… el sigue trabajando como enólogo allí”, dice Jimena, en charla con MDZ.

“Luego pasé a Peñaflor, cuando todavía era de la familia Pulenta. Eduardo Pulenta allí me ofrece iniciar el proyecto de Pulenta Estate, y eso se convirtió en mi primer desafío como enóloga líder de un proyecto, pues hasta ese momento yo reportaba a otros jefes. Luego de dos años en Pulenta Estate. En el año 2001 me recibí –los seis años de corrido, siempre estudie y trabajé: necesitaba hacerlo para pagarme la facultad- y trabajé en México, en EE.UU. y en Australia. Al volver, estuve en Trivento de la mano de Federico Galdeano –una experiencia impresionante por el tamaño de la bodega y su estructura: una escuela en donde uno aprende a hacer de todo, al igual que Chandon y Peñaflor-. En el 2004 me llama Riccitelli para ir a Norton y ser así su segunda enóloga y este es un punto en el que me detengo, porque creo que Dios, el destino, me tenían preparado este momento: todo lo que aprendí y viví con Jorge Riccitelli fue lo necesario para después abrirme sola. Desde el año 2008, para solventar mi proyecto, tengo trabajos como asesora para apuntalar lo personal. Además, soy docente en la facultad en la que me recibí, la Don Bosco”, dice entusiasmada y tomando aire la López Campos, terminando así su resumen.

Sobre las características de ese varietal premiado del que varios hablan, Jime dice que “básicamente empecé buscando uvas de Perdriel, que me gustan mucho -por lejos, para mí los mejores Malbec están ahí-. Aprendí mucho de la escuela que significa trabajar en Norton. Mi primer cosecha fue la 2008, así es que ya estoy en la séptima cosecha de mi pequeño proyecto”.

“El viñedo lujanino del cual me nutro de sus uvas para hacer mi vino ha sido cuidado por más de tres generaciones por la misma familia. Y Luján de Cuyo es, indiscutiblemente, la tierra del Malbec. La cosecha, la selección, las adiciones… todo el proceso se hace con mis propias manos y las de pocos ayudantes”.

Un sueño a pulmón

“Al no tener ni bodega ni viñedo propio, siempre he hecho mi vino en los lugares en donde he estado asesorando, y en bodegas que me han entregado su confianza. Es muy poquito volumen el que produzco, por lo cual necesito confianza ciega en la bodega en la cual elaboro porque no puedo estropear la producción de ninguna manera”, relata Jimena.

“Eso sí: el objetivo siempre ha sido hacerlo yo misma: hago el control de madurez, estoy en la recepción, hago los remontajes y las adiciones, estoy en el fraccionamiento, hago la compra de insumos y mi papá es el contador, y me lleva todo lo legal y contable”, afirma.

Todo ese esfuerzo y el tesón que implicó “saltar al vacío” desde un excelente y seguro puesto en una bodega hacia el desafío personal de animarse al proyecto propio rindió, desde entonces, sus frutos. “La premiación llegó a través de mi importador, que es Vine Conection –importador de Mendel, Dominio del Plata y otras bodegas-. Ellos presentan mi vino, y así este año recibí por quinto año consecutivo un muy buen puntaje tanto de Wine Spirit como de Wine Advocate –dos de las publicaciones más prestigiosas de vinos del mundo-. Venía con “tres 90 consecutivos”, el año pasado tuve 91 puntos, y este año, 90 puntos Parker”.

Jimena explica que este último año el cambio de profesional a la hora de puntuar los vinos argentinos produjo escozor y nervios en varios bodegueros y enólogos. “Este año ser evaluados representó un desafío muy grande: Luis Gutiérrez, el nuevo especialista de Wine Advocate encargado de puntuar nuestros vinos, es español, un gran conocedor de vinos que viene de uno de los países con mayor producción en el mundo. Una cosa es que te puntee un inglés, y otra totalmente diferente es que lo haga un español. Todos los enólogos estábamos con una gran expectativa por saber cómo iba a puntuar para Parker este hombre”.

El vino premiado

“Siempre fue single vineyard, hasta hace dos años, que decidí agregarle un poquito de uva del Valle de Uco, más precisamente, de Tupungato. Es un único vino, 100% Malbec, que en EE.UU. se llama Graffito y en Argentina está etiquetado bajo el nombre Trazado”.

Por año estoy llegando a las 1700 cajas, o 17 mil litros para exportar a EE.UU:, y en cuanto al mercado interno, este año he producido 250 cajas. Como verás, es muy chiquito el proyecto”, recalca la enóloga. “Siempre puramente Malbec; aunque este año estoy ya pensando en algún ‘compañerito’ para hacer un vino de corte y buscar otros horizontes”, anuncia.

¿Es alcanzable para cualquier enólogo lograr el sueño del vino propio?

El momento del debate interior, aquel después del cual “decretó” la puesta en acto de su antiguo deseo, Jimena lo cuenta así: “Desde siempre tuve el objetivo de hacer mi vino. Lo que me pasaba es que nunca era el momento ideal, porque o estás estudiando, o no tenés tiempo, o te pasan cosas que tienen que ver con tu vida personal que imposibilitan esta decisión… y lo posponía. Realmente, animarme fue una decisión muy complicada para mí: yo tenía un trabajo que muchos querían. Era la segunda enóloga de Norton, un golazo. Estaba junto a Jorge Riccitelli. Pero un día me armé de coraje y tomé la decisión: me reuní con Riccitelli y con Michael Halstrick –CEO de Norton- y me sinceré, diciéndoles que realmente quería empezar con este proyecto y que entendía que era incompatible con mi trabajo allí. Tuve que tomar una opción muy difícil, con mucho riesgo, pero es lo que dice el dicho: ‘el que no arriesga no gana’. El anhelo era muy grande, y las ganas y la ilusión también. ‘Aquí hay que jugársela’, pensé”.

“Entonces fue cuando empecé a hacer todo, a participar de todo el proceso, desde hacer la cosecha y estar en la cinta de selección en adelante. Justamente tengo una anécdota muy linda sobre esto: entre toda esa faena, yo estaba arriba de los tanques, remontándolo, y apareció de golpe Vicente Garzia, el enólogo de Luigi Bosca. Me ve laburando, y dice: ‘¡Por Dios, qué color que tiene ese vino! ¡Parece grafito!”… y siguió caminando. De ahí salió el nombre”.

“En Argentina todo es muy difícil, hay que ponerle mucha garra. La competencia con los de afuera es súper desigual. Hay que remarla, pero la verdad es que me da mucha satisfacción el lugar en el que estoy ahora. La felicidad que me provoca enterarme que mi vino sacó 90 puntos no me la daban las bodegas para las cuales trabajé, porque a pesar de que es lindo, al fin y al cabo trabajaba en una bodega que no es la mía”.

La mujer en la jungla del mundo del vino

Desde siempre se ha dicho que el mundo del vino es machista, y que la mujer que quiere ser parte de él debe adentrarse en una especie de selva hostil en la que le será difícil moverse desde el primer momento. “Tengo que decir que en el año 1995, cuando yo empecé a estudiar, el panorama era absolutamente diferente al actual. La industria vitivinícola estaba copada por hombres y solo se veían mujeres en los laboratorios. Como enólogas, casi ni soñando. Pero a mi lo que me pasó es que amé la enología desde los 13 años, que entré al Liceo Agrícola. Siempre estuve convencida que eso era lo que quería hacer”, opina Jimena.

“Siempre supe que para moverme en este medio tenía que armarme de carácter fuerte, porque el 99% iban a ser hombres. Yo tengo que decir que he sido siempre muy respetada por mis compañeros: en mi promoción era la única mujer en el curso, y nunca me sentí mal ni incómoda. Después considero que me ayudó empezar a trabajar a los 18 años, apenas salida del secundario. Me hice muy de abajo. Eso me ayudó a acostumbrarme al entorno. Y el enriquecimiento de haber trabajado afuera –En EE.UU., por ejemplo, veía a mujeres trabajando a la par del hombre, arriba de las prensas, o con autoelevadores, o filtrando- entendí que eso de que la mujer no podía hacer algunas cosas que sí el hombre, era un cuento que nos habían contado y nada más”.

“Cuando llegué, me mentalicé que tenía que arremeter con todo. Si debo decir que en determinadas oportunidades tuve que demostrar que podía ser dos o tres veces mejor que un hombre para tener la misma posibilidad. Pero no lo tomé como una dificultad, sino como un desafío. Todos los que me han dado grandes oportunidades de trabajo han sido hombres, por lo cual sería muy ingrata si dijera que no he tenido suerte. Hoy el cambio está: la mitad de mis alumnas, son mujeres”.

La palabra para los que vienen

Para cerrar la nota, le pedimos a Jimena López Campos que se animara a dejarle un mensaje a todos aquellos chicos que están en la facultad de enología o de ingeniería agronómica, o que están recién recibidos.

“Les diría que no se desanimen. Yo recién estoy empezando un caminito, no siento que he llegado a nada todavía, me quedan muchos años de proyecto. Pero sí sé que el éxito se basa en el esfuerzo y en el trabajo de muchas horas. Se basa en el tesón de haber estudiado y de haber trabajado en muchas cosechas. Se basa en la garra de levantarte luego de caerte. Y de levantarte otra vez después de que te caíste otra vez. El mensaje del esfuerzo y de la constancia es el mensaje para la generación de hoy. Hay que pensar siempre que la cosecha que viene, será la mejor. Hay que estar convencido de hacia dónde uno quiere ir, y darle para adelante”, dice, y se despide.

http://www.mdzol.com/nota/534460-sin-bodega-y-sin-vinedo-ella-es-la-enologa-revelacion-de-mendoza/

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