Hay más escaladores pero falta un “rocódromo” en Tupungato

En el departamento, subir muros de escalada es una actividad en auge pero el único que hay para practicar está muy deteriorado.

Más de 30 chicos suben por día la pared del polideportivo Francisco Rizzo de Tupungato que, a fines de los ‘80, fue habilitada como muro de escalada. Pero esta estructura para hacer palestra no fue diseñada para tal fin y desde su inauguración se pensó como un circuito provisorio. Pese al auge creciente que tiene esta actividad en la zona, los deportistas continúan practicando en el mismo muro desde hace 25 años, con todo lo que tiene de obsoleto, insuficiente e inseguro.

Los tupungatinos amantes de este deporte de montaña llevan más de una década pidiendo una pared nueva. Hace dos años, presentaron en la comuna un proyecto para construir un “rocódromo” que les permita pasar de niveles, ingresar a los circuitos de competencias que hoy tienen vedados y -sobre todo- poder practicar sin riesgos.

El municipio viene gestionando el financiamiento necesario para la obra en la Nación. Sin embargo, días atrás, el Senado provincial abordó el tema y dio el visto bueno a la iniciativa. Ahora, desde el Ministerio de Deportes de Mendoza se han comprometido a conseguir el dinero para concretar el sueño de unos 500 tupungatinos que quieren estar aún más cerca de las montañas que contemplan a diario.

El proyecto plantea una zona de escalada con desplomes y techos en planos inclinados en diferentes graduaciones. Esto es fundamental, porque hoy los chicos sólo pueden ascender de manera vertical y, al no tener acceso a otros niveles de dificultad, los deportistas tupungatinos no pueden prepararse para participar en competencias provinciales o regionales de esta actividad.

El rocódromo propuesto estaría conformado por una estructura de hierro cubierta por fenólicos, un material que permite la modificación de las pistas de ascenso. El diseño prevé un circuito para nivel inicial, otro de nivel medio y otro para los más avanzados en una extensión que requiere unos 12 metros de alto por 26 de ancho. Estas dimensiones son viables, dados los espacios con los que cuenta el polideportivo municipal.

En las alturas 

“Lo mejor es cuando llegás arriba y desde allá todo se ve chiquito”, cuenta entusiasmada Gabriela (9), una de las alumnas. Mientras la niña sube a ritmo lento, estudiando minuciosamente dónde colocará la mano y el pie en el próximo paso, Laureano (7) hace de soporte. El pequeño no quiere ni hablar, tiene los ojos y la fuerza clavados en el tejido de cuerdas y arneses que sostiene con sus manos.

La pared donde practican es una más de las que conforman la estructura edilicia del polideportivo. Tiene 13 metros de alto por cinco de ancho y, dada esta extensión, hay límites concretos de capacidad que respetar: “No pueden subir más de tres chicos por vez”, apunta el profesor Mario Contreras. Mientras esperan su turno, el resto de los escaladores hace el mate para pasar el frío, practica nudos o trabaja en el gimnasio.

En la parte superior del muro se percibe una grieta. “La pared está muy deteriorada, es muy vieja y no estaba preparada para cumplir esta función. Ya debería armar otros recorridos con mayor dificultad, pero no puedo agujerearla más. Hay que priorizar la seguridad de los chicos”, señala el docente. Aunque no lo diga, se percibe que su preocupación está centrada en los riesgos que puedan correr sus alumnos.

Las deficiencias de este escenario deportivo constituyen un verdadero obstáculo para los alumnos que se han propuesto avanzar hacia la escalada en roca. “¡Ésta es mi vida!”, responde Leonardo Záccolo cuando le preguntan qué tan en serio se toma el deporte. “Aquí ya no podemos crecer más. Con mis amigos estamos yendo a las rocas; es otra cosa, otra cabeza”, sostiene el joven.

Los jóvenes con serias aspiraciones en el andinismo ven estancado su desarrollo en el escenario actual. Por eso, desde hace tiempo juntan “moneda tras moneda” para comprar un bulder (un muro de baja altura que no necesita el soporte técnico y puede ser adaptable).

Según Contreras, el interés por este tipo de actividad ha crecido en los últimos dos años. Dice que todas las semanas recibe consultas de nuevos aspirantes que quieren aprender las técnicas de escalada, ya sea por amor a la montaña o como una manera desafiante de realizar actividad física.

Pese a que las bajas temperaturas disminuyen el nivel de asistencia en invierno, el profe sostiene que son cerca de 500 personas -de 5 años en adelante- las que pasan por este muro anualmente. “Es una especie de semillero para los que después quieren avanzar en escalada en roca en la montaña. También es una actividad muy social, pero no tiene mucha prensa porque no hay tantos torneos y medallas”, apunta el profesor.

Atendiendo a esta necesidad local, la senadora tupungatina Norma Corsino presentó el proyecto días atrás en la Legislatura y obtuvo la aprobación de la mayoría. “Hemos hablado con el ministro Marcelo Locamuz y sostuvo que es una obra de fácil financiamiento. Está muy comprometido con llevarlo a cabo”, expuso la legisladora.

Además, mencionó que desde la Legislatura han vuelto a pedir por el arreglo del piso y el techo del polideportivo tupungatino. “Con las dos mil personas que pasan diariamente por allí y siendo el único edificio destinado a distintas prácticas deportivas en Tupungato, necesitamos con urgencia que lo refaccionen”, manifestó.

http://www.losandes.com.ar/article/hay-mas-escaladores-pero-falta-un-rocodromo-en-tupungato

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