Una triste paradoja en el Valle de Uco

Gisela Manoni – Corresponsalía Valle de Uco – gmanoni@losandes.com.ar

El Valle de Uco es conocido, además de por sus bellos paisajes, por su lucha comunitaria y denodada en defensa del agua pura y de la naturaleza. Sin embargo, mientras que un gran porcentaje de vecinos comprometidos salen a las rutas y se autoconvocan para combatir contra todo lo que pueda afectar su ecosistema, otros desoyen este mandato popular y no tienen el menor prurito en arrojar sus residuos en cualquier sitio.

Lamentablemente, hay sitios de incomparable belleza que hoy deslucen por esta causa. La inigualable vista que tiene del Cordón del Plata para el conductor que transita por la ruta 88 hacia Tupungato se ve empañada a la altura del arroyo Anchayuyo porque las márgenes del afluente se han convertido en un basural.

Lo mismo ocurre en ciertos sitios de Los Cerrillos, en Villa Bastías y en el camino hacia Potrerillos por La Carrera. Todos parajes tupungatinos destacados por su nivel paisajístico.

Estas vacaciones de invierno, y con muy buen tino, la Municipalidad de San Carlos comenzó a explotar turísticamente un diamante en bruto que había mantenido en secreto hasta el momento. Abundan los excelentes comentarios de los turistas que se ahondan en los cañadones arcillosos y los vericuetos del río seco de La Salada, en un interesante recorrido por el desierto de Las Huayquerías.

Sin embargo, hay quienes parecen utilizar este trayecto que conduce a La Salada como depósito de todo lo que les sobra en sus casas. Los turistas y locales deben toparse con escombros y residuos a los costados del camino que, inevitablemente, modifican su visión de la geografía.

Pero no se trata sólo de estética. Meses atrás, trascendió una denuncia en el Concejo Deliberante de Tunuyán por un basural a cielo abierto que la actitud irresponsable de algún particular o empresa (porque también había escombros y montañas de mosto) había ayudado a extender a orillas del arroyo Tunuyán.

En realidad, el problema ambiental es más serio. Porque esta acumulación de residuos domiciliarios e industriales se encuentran en plena confluencia de dos hilos de agua: el Tunuyán y el arroyo Claro. La contaminación del agua después continúa hacia todos los cultivos que se extienden hacia el este de este departamento.

Ni qué hablar, cuando algunos de los vecinos -cansados de las moscas, mosquitos y demás problemas que les trae el basural- deciden prender fuego a tanta porquería. Entonces, el aire se vuelve irrespirable para todos los barrios que se encuentran en las inmediaciones.

Y es verdad que el Estado a veces tiene los oídos sordos y los ojos, ciegos. Pero no toda la culpa puede endilgarse a los funcionarios. Sobre todo cuando los intendentes de los tres municipios de la región vienen trabajando desde hace tiempo para consolidar el Coince, el consorcio intermunicipal que se ocupa, con un moderno procedimiento, del destino final de la basura domiciliaria.

Además, ahora las comunas han conseguido un importante subsidio del BID que les permitirá avanzar en la materia y comprar nueva maquinaria para, entre otras cosas, erradicar todos los basurales a cielo abierto.

La sensación es que, hasta que cada uno de los vecinos no adquiera algo de respeto y aprenda a valorar el lugar propio y ajeno, nada va a cambiar.

Ojalá en el Valle de Uco se termine esta triste paradoja y que la conciencia ecológica y la lucha por el medio ambiente sea una virtud más propagada.

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