Conservación, desarrollo y legitimidad social en la cordillera del Valle de Uco

El periodista especializado en temas vinculados con la montaña, Nicolás García se explaya sobre una rica zona de Mendoza en esta columna.

Conservación, desarrollo y legitimidad social en la cordillera del Valle de Uco

Nicolás García

Los parajes cordilleranos de Tunuyán podrían ser el escenario de una saga épica, desde su geografía poderosa hasta los nombres resonantes, como Cuesta de los Afligidos, Cordón de las Delicias o cerro Tres Picos del Amor. La zona entre el Manzano Histórico y el límite con Chile es además un corredor histórico a través de los Andes. Y uno de los contados accesos públicos a las montañas que tenemos los mendocinos.

Es también el centro de varios conflictos, al menos dos de los cuales tienen que ver con el interés público: un emprendimiento turístico e inmobiliario en el fallido centro de esquí Manantiales y el intento de llevar el camino a Chile por el Portillo Argentino- Paso de los Piuquenes.

Las dos iniciativas se encuentran dentro de un Area Natural Protegida provincial, la reserva Manzano-Portillo de Piuquenes (Ley Provincial 8.400, del 15 de febrero de 2012). En ambos casos se iniciaron obras sin las debidas autorizaciones ambientales, causando impactos no determinados en la reserva.

La buena noticia es que la reacción de buena parte de la comunidad local -y de la opinión pública- generó la presión necesaria para detener las topadoras. Al menos hasta que se realicen los procedimientos que marca la ley. En otras palabras, que exista una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) aprobada y que los proyectos tengan “legitimidad social”, avalada en una audiencia pública.

A libro abierto

La novedad es que, a raíz de este conflicto y de otro caso similar, la Secretaría de Ambiente está por emitir una Resolución para garantizar el acceso público a la información de este tipo de emprendimientos. Así lo confirmó a MDZ el Jefe de Gabinete de Ambiente, Eduardo Sosa. La idea, explicó, es “ampliar mucho el acceso a la información por parte de los distintos actores, con tiempo suficiente antes de las declaraciones de impacto ambiental y las audiencias públicas”.

En el caso de Manantiales, hay muchos puntos confusos que poner sobre la mesa. Uno de los más relevantes es porqué el intendente Martín Aveiro autorizó un proyecto en el cual el municipio no tiene competencia. Se trata de una reserva, cuya autoridad de aplicación es la Dirección de Recursos Naturales Renovables de Mendoza (DRNRM). (Aveiro argumentó en una nota de MDZ que no lo sabía: creo que ese pretexto lo deja peor parado que cualquiera que sea el motivo real).

Otro punto es porqué los privados que impulsan este desarrollo no acataron la orden de frenar las obras, en las ¡cuatro! inspecciones de la DRNRM. La primera fue el 22 de enero, y los guardaparques le entregaron la notificación al propietario del proyecto, Horacio Junco. Meses después, el 26 de abril, como las obras seguían a pesar de nuevas inspecciones, Recursos decidió imponer una multa de 200.000 pesos (Resolución 163). Junco rechazó la penalidad mediante sus abogados. La semana pasada hubo nuevas instancias: Ambiente solicitó que se acredite la personería jurídica de la firma detrás del proyecto. Junco, por su parte, volvió a recurrir el trámite administrativo, que probablemente llegue al cuarto piso de la Casa de Gobierno.

Desde Ambiente aseguran que el proceso continúa y que llegado el caso se puede aplicar un artículo de la Ley de Preservación del Ambiente (nro. 5.961, la misma que establece el requerimiento de la DIA). Este artículo contempla la demolición de las obras “a cargo del proponente”.

Es más fácil pedir perdón que permiso

El viejo sendero que cruza los Andes entre el Manzano y el Cajón del Maipo (Chile) ha sido un paso cordillerano desde que existe registro. Los jesuitas lo aprendieron de los pueblos originarios. Vio pasar a viajeros ilustres, columnas militares y a un intenso comercio de ganado en pie -hasta 2.000 vacas juntas-. Soldados del Ejército de los Andes murieron de frío guardando el Portillo Argentino y San Martín regresó de su campaña por este boquete. Don Charles Darwin le dedicó unas páginas en su diario de viaje y Fidel Roig Matons se instaló en la zona para bocetar sus pinturas de la gesta libertadora.

De hecho hay pocos lugares que se ajusten a la idea de camino histórico como este hilo de piedra y polvo que hace siglos franquea montañas, valles y ríos.

Es, además, un patrimonio natural muy relevante. (O, por decirlo como realmente lo pienso, uno de los lugares más lindos del mundo). Una de las claves de este sitio, que es a la vez íntimo y descomunal, es el Portillo Argentino. Un tajo de apenas un par de metros de ancho, a 4.380 metros, en la muralla del Cordón del Portillo. Uno trepa y trepa hasta allí, sin ver otra cosa que el granito de las paredes, la roca de las morenas y el polvo de la senda. Hasta que un golpe de viento frío anuncia el mundo que está a punto de abrirse ante los ojos: un enorme valle, rematado por los picos nevados de la Cordillera Principal hacia el oeste. Un paisaje que nunca ha sido hollado por vehículos a motor.

En una cavidad del portezuelo, los arrieros y viajeros han dejado durante años sus pañuelos, velas y otras pequeñas ofrendas. Un bonito testimonio y un homenaje a las montañas, que le da un aire de santuario al portillo.

En este sitio metió una topadora la Dirección de Vialidad el año pasado, con aval del anterior gobierno, del intendente Aveiro y con una confusa autorización de la Dirección de Recursos. La idea, explicaron, era llevar una “huella turística” hasta Chile. Sin contar con ningún estudio ambiental ni de ingeniería, ni una gota de sentido común; es siempre más sencillo pedir perdón que permiso.

También en esa oportunidad la oposición de los vecinos del Valle de Uco, los gauchos de la zona y los prestadores turísticos (entre los que me incluyo) logró que se detuvieran las obras. Actualmente la iniciativa recorre dos itinerarios administrativos: uno en la Fiscalía de Estado (ya que Vialidad es una dependencia estatal), y un expediente propio de la Dirección de Recursos.

Si un desarrollo turístico e inmobiliario en la reserva Manzano-Piuquenes y un camino para 4×4 en el sendero del Portillo Argentino constituyen aportes al bien común o no, dejemos que lo decidan los actores de la sociedad… los habitantes, la iniciativa empresaria, los científicos y los administradores de nuestro patrimonio -funcionarios y legisladores-. Por mi parte, creo que genera mayor riqueza para la comunidad, a largo plazo, poner las fichas en la conservación y puesta en valor de estos tesoros naturales y culturales.

Pero el punto central y que no me parece discutible es el modo en que se llevaron a cabo estos proyectos, a la vieja usanza de la política mañosa del hecho consumado. Por el costado de la ley y sin un consenso básico. Ese conflicto es tan profundo como el daño ambiental.

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