Valle de Uco: productores frutícolas abandonan cultivos

Las maquinarias que arrancan plantas y las tierras en alquiler muestran la situación crítica a la que llegó el sector, sumido en un desfinanciamiento de años, suba de costos y pérdidas por el clima.

Gisela Manoni – gmanoni@losandes.com.ar

Es una de los zonas más privilegiadas para el cultivo de frutales y hortalizas. Pero aún con 17.370 km2 de superficie y con reconocimiento internacional para los productos de la región, varias actividades -entre ellas la frutícola- se encuentran sin rentabilidad, lo que empuja a los productores a replantear el destino de sus esfuerzos. Así las cosas, por lo magros precios pagados al productor, manzana, pera, membrillo y durazno dejaron de ser una opción para el cultivo.

“No tengo capacidad real de enfrentar las labores culturales que se vienen con el invierno y ya estoy cansando de pedir subsidios. El poco durazno que saqué tiene ahora buen precio. Pero la triste paradoja es que, aunque vale más que otros años, no lo pude colocar bien en el mercado porque tenía condiciones fitosanitarias pésimas”, comentó angustiado Raúl, un pequeño productor tupungatino que hoy se encuentra en la disyuntiva real de continuar o no con su plantación.

Sucede que el exceso de lluvias, que afectó fuertemente las cosechas, vino a agudizar una situación de desfinanciamiento que los productores vienen declarando desde hace años. En una corta recorrida por las áreas productivas de la región valletana, hoy se pueden ver maquinarias arrancando plantas de pera, viñedos cargados de racimos que nadie cortará, fincas históricas que hoy se alquilan para cultivos anuales y hectáreas y hectáreas de frutales que ostentan su podrida producción en las ramas.

“El aumento de valor que hoy tienen ciertos productos -debido a su escasez en el mercado- no compensa la caída de la producción y el aumento de los costos. Con tan poca rentabilidad, no hay dinero para trabajar el campo y esto derivará en una pérdida de calidad para el próximo año”, apuntó Alberto Carletti, presidente de la Cámara de Comercio, Agricultura e Industria de Tunuyán y vicepresidente de la FEM. “Los privados están haciendo un esfuerzo enorme por mantener a su personal, pero no sabemos hasta cuándo”, agregó.

La fruticultura es la que vive la peor situación. Mientras que al ajo lo salvó el precio de la exportación, la nuez logró sobreponerse a tanta humedad y el durazno pudo pelear cierto valor en el mercado; la producción de uva cayó un 40 por ciento y el panorama en frutas de carozo y pepita es desalentador.

Víctimas de una erradicación sistemática de décadas, la manzana, cereza y el membrillo tienen cada vez menos incidencia en la región. Este año la situación se agravó. Los productores de pera aparecen con la situación más crítica. En un escenario de aumento de costos y caída de producción por las lluvias, las malas condiciones fitosanitarias le cerraron las puertas a la posibilidad de comercializar con Brasil.

Esta caída en la cosecha se trasladó al sector de la agroindustria en la región. Sólo por citar un ejemplo, el Frigorífico Tunuyán -uno de los más grandes de la zona- trabajó en el 2008 con 250 mil cajas de pera de exportación. El número fue cayendo progresivamente. Este año no recibió ni siquiera una de estas cajas para conservar.

Frigoríficos, galpones de empaque y conserveras del Valle de Uco denuncian una situación crítica como pocas veces han vivido. La misma hizo eclosión en los últimos meses con los desmesurados aumentos en el precio de la energía.

“Con tierras, disponibilidad de agua, maquinarias propias y todas las ganas de salir adelante no me queda otra que alquilar las tierras para cultivos anuales y vivir con un sueldo de jubilado”, se queja con impotencia Santiago Arrastoa, un productor de peras, duraznos y chacras de la zona de La Primavera en Tunuyán. El hombre arrancó más de 20 hectáreas de peras y manzanas en los últimos años y asegura que el panorama actual lo “deja sin salida”.

La erradicación de los frutales de pepita es un fenómeno que, lejos de revertirse, se acentuó en la última década. Tanto que Tunuyán pasó de ser Capital de la Manzana con miles de hectáreas a contar hoy con un poco más de 300 ha, como aseguran desde las cámaras locales. Por otro lado, los finqueros que tienen su propiedad cerca del núcleo urbano terminan por destinarlas a un fin inmobiliario, mucho más rentable hoy.

“Pero arrancar tampoco es sencillo, tiene un alto costo y la reconversión implica capital de trabajo, que hoy no pueden asumir. Además, abandonar una actividad para asumir cuál otra. El panorama no es alentador”, reflexiona Carletti. El empresario sostuvo que años atrás muchos se reconvirtieron a la vitivinicultura, pero el exceso de oferta también les jugó en contra. “Hoy tienen precio, pero sólo porque la naturaleza terminó regulando la oferta y demanda. No es definitivo”, agregó.

Si bien Carletti informó que han elevado un pedido al Ministerio de Energía de la Nación para que reconsidere un subsidio sobre la tarifa eléctrica para el sector que utiliza el sistema de bombeo en el riego agrícola, desde la Cámara de Tunuyán dejaron en claro que se oponen conceptualmente a los subsidios.

“La situación de las economías regionales se tiene que normalizar”, dijo el empresario.

 

El impacto en los frigoríficos

Como consecuencia de la crisis del sector primario, los establecimientos que dependen de esa oferta se han visto seriamente afectados. Desde la Cámara de Tunuyán señalaron que durante esta temporada trabajaron sólo cuatro de los 20 galpones de empaque que hay en la zona, ALCO prácticamente no elaboró y los frigoríficos lo hicieron a muy baja escala.

“Este año entró sólo el 25% de la fruta que ingresa en un año normal”, resumió Pedro Alonso, de Frigorífico Tunuyán. Allí trabajan con distintos productos, principalmente de exportación: pera, manzana, durazno, ciruelas, cereza. Hasta no hace mucho tiempo tenían requerimientos para mantener incluso la fruta que iba para industria, pues las conserveras primero trabajan el durazno y luego la pera.

Ahora no ingresó ni la de exportación y la poca actividad es con la papa (semilla) y esperan hacerlo con el ajo que sale al exterior. “No tener qué enfriar, ya habla de un mal año. Pero a eso se nos sumó el abrupto crecimiento de la tarifa eléctrica”, comenta Alonso. “Hemos pedido que se nos sume a un plan de las firmas electrointensivas del país”, agregó.

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