El Ejército de los Andes: 200 años de un hito histórico

El 1 de agosto de 1816 nacía la fuerza con la que José de San Martín cruzó la cordillera, un modelo militar de relevancia mundial. Desde nuestra provincia, reunió a más de 5.000 hombres e incluyó áreas clave para su misión, como logística, ingeniería, sanidad e información.

Carla Romanello – cromanello@losandes.com.ar

Durante la Guerra de la Independencia se crearon seis ejércitos que permitieron defender, con la fuerza de las armas, lo que se había conseguido políticamente desde 1810. De todos ellos, el Ejército de los Andes es considerado el más importante por su organización, capacidades tácticas, instrucción y, sobre todo, porque quien lo organizó, José de San Martín, era el único general profesional con experiencia de guerra en las Provincias Unidas en ese momento.

Por esta relevancia y por haberse gestado en nuestra provincia hace 200 años, se decidió que cada 1 de agosto -comenzando desde mañana- se conmemore el aniversario de su creación. La resolución, iniciativa del diputado demócrata Marcos Niven, fue aprobada por la Cámara de Diputados el pasado 22 de junio. A partir de la misma, la Dirección General de Escuelas dispuso incorporar la fecha en las efemérides del calendario escolar y establecer la realización de distintas actividades recordatorias.

Para conocer más detalles sobre la formación de este ejército, estrategias e integrantes, Los Andes entrevistó al general Rafael Barni, presidente del Instituto de Historia Militar (con sede en la Ciudad de Buenos Aires). “Cuando San Martín toma el cargo de gobernador intendente de Cuyo (1814) una de sus grandes preocupaciones era precisamente formar un ejército”, comenzó a explicar el experto. Como en ese momento él no tenía fuerzas a su mando, se preocupó en empezar a formar milicias, que eran los cuerpos que tenían las provincias en aquella época.

 

 

“San Martín echa mano a una serie de arbitrios como el llamado a los jóvenes entre 18 y 30 años. Después inclusive establece una leva obligatoria (N. de la R. reclutamiento de gente para un servicio) e insta a los intendentes de San Juan y San Luis a hacer exactamente lo mismo”, continuó Barni. Como resultado de estas acciones logra, después de algún tiempo, formar 4 batallones de milicias, 4 compañías de infantería y 7 escuadrones de caballería que totalizan 2.300 hombres. “A las primeras unidades las apuesta en la zona del Manzano Histórico en Tunuyán y en Uspallata, que por entonces eran los sitios de aproximación más importantes para prevenir cualquier intento de invasión por parte de los realistas que estaban asentados en Chile”, expuso.

Además, San Martín tiene a su disposición el cuerpo de los Auxiliares de Chile que habían sido enviados en 1813 para ayudar a los chilenos en sus combates contra los realistas y que finalmente fueron derrotados en Rancagua (1814). “Estaban al mando del entonces teniente coronel Las Heras y tuvieron que volver a Mendoza luego de la derrota y con ellos el chileno Bernardo O’Higgins”, contó Barni y remarcó que con este elemento núcleo, San Martín forma su primer batallón, que es el de Infantería 11.

El 1 de agosto de 1816 el director supremo Juan Martín de Pueyrredón decreta la creación del Ejército de los Andes y San Martín es nombrado por el Congreso en el cargo de Capitán General de dicha fuerza. Tiempo más tarde recibe 2 compañías de batallón de infantería, una batería con 4 piezas de artillería y 4 escuadrones de su regimiento de Granaderos a Caballo.

“Estos últimos habían andado combatiendo por el Alto Perú y la Banda Oriental”, aclaró el especialista.

Finalmente, tal como enumeró Barni, San Martín recibe un quinto escuadrón de granaderos y algunas otras piezas de artillería, “con lo cual el ejército queda conformado con 2.800 hombres de infantería, 750 de caballería, 241 de artillería, más los batallones de milicias que tenía como maestranza; un total de 5.286 hombres con los que San Martín inicia la campaña”.

 

Una compleja estrategia

Paralelamente a la formación del ejército, San Martín organiza un Estado Mayor. “Es algo así como el staff, es decir, los asesores del comandante de un ejército en las distintas áreas: personal, inteligencia, logística, entre otras, que en esa época eran conocidos con otros nombres”, aclaró Barni. Asimismo el general designa al brigadier O’Higgins como su segundo comandante y al brigadier Soler como su jefe de Estado Mayor.

Según relató Barni, San Martín da gran importancia al área de la ingeniería. “Lo pone al mayor Álvarez Condarco para realizar los reconocimientos de los pasos cordilleranos que se atravesarán durante la campaña”, relató. A esto le suma la creación de una unidad de barreteros -que cumplían el rol de ingenieros- que facilitan el tránsito por los caminos.

Por otra parte, dio gran relevancia a la maestranza, lo que hoy se conoce como logística. “Los hombres experimentados en combates de España saben que la logística es la savia de la guerra”, remarcó el titular del Instituto de Historia Militar.

En ese sentido, también se creó el primer servicio de intendencia a cargo del comisario de guerra Juan Gregorio Lemos. “Él tuvo la tarea de preparar los víveres y la alimentación para esos 5.300 hombres, pero además el forraje para 10.000 animales entre mulas y caballos”, aseguró Barni, quien detalló que San Martín dispuso la creación de depósitos de víveres en Uspallata por si eran derrotados y tenían que retirarse de Chile. “Solamente un profesional como San Martín puede hacer este tipo de previsiones tan inteligentes y tan precisas”, recalcó.

Por otra parte, otorga a Fray Luis Beltrán la responsabilidad del armamento, municiones, cañones y reparación de los fusiles.

Hoy se conservan en Uspallata las bóvedas donde Fray Luis Beltrán trabajaba con todo el material”, señaló Barni.

Como en todo ejército, el general también previó la sanidad que estuvo a cargo del teniente coronel de artillería y también cirujano Diego Paroissien. “Él organizó un hospital en Mendoza pensado en el caso de tener muchísimas bajas o heridos, y con material transportable como carpas, más boticarios y camilleros. Organizó un hospital de campaña móvil para 200 hombres”, precisó.

También contó con un auditor de guerra, es decir, un abogado que estaría a cargo de los problemas legales que se presentaran durante la campaña, así como con bandas militares que cumplían dos funciones: levantar el ánimo con marchas y canciones populares, y dar diferentes toques que significaban señales y órdenes previamente acordadas. San Martín tampoco se olvidó de la parte religiosa, ya que nombró a la Virgen del Carmen de Cuyo como generala del Ejército e incluyó capellanes en las unidades para que todos tuvieran apoyo espiritual.

 

 

 

La inteligencia como clave

Más allá de ocuparse de todas las áreas anteriores, San Martín no descuidó un aspecto fundamental: la información, que hoy se conoce como inteligencia. “Tiene como finalidad: primero, saber todo del enemigo; y segundo, negar todo lo que sea información propia y en lo posible tratar de engañar al otro”, explicó Barni. Como ejemplo de este tipo de actuación, San Martín tendió una trampa a los caciques de las distintas tribus porque sabía que los realistas podían estar esperándolos en Chile. “Les dijo que iba a necesitar su apoyo para cruzar por distintos pasos y les pidió que no se lo dijeran a los realistas. Por supuesto les dio pasos que no eran los correctos y efectivamente los caciques lo comentaron con los realistas”, recordó el experto.

Otro aspecto fundamental que contribuyó con el desempeño posterior del ejército fue su preparación. “Juega muy a favor la instrucción militar que San Martín hace de su ejército en El Plumerillo entre agosto de 1816 y enero de 1817, que va a iniciar la campaña”, cerró Barni.

 

Las seis columnas

Una táctica exitosa del general San Martín con el Ejército de los Andes en Chile fue que el cruce de la cordillera se dividió en seis columnas. De esa forma, Casimiro Marcó del Pont, militar español y líder de los realistas en Chile durante esos años, no tenía forma de saber por dónde venía el sector del ejército más importante para poder defenderse.

Las dos principales columnas cruzaron por el Paso de Uspallata en Mendoza y por el Paso de los Patos en el sur de San Juan. “La columna más pesada -donde iba la artillería- fue enviada por Uspallata y la más ágil iba por el otro camino que era más largo”, detalló Rafael Barni, presidente del Instituto de Historia Militar.

“Una columna salió el 18 y otra el 19. San Martín lo planeó con tanta coordinación que las dos columnas llegaron el 8 de febrero y se reunieron para dar batalla en Chacabuco”, añadió el experto. El 12 de febrero de 1817 se desarrolló esa histórica batalla de Chacabuco en la que el ejército venció a los españoles.

Los otros cuatro pasos auxiliares que se utilizaron para la guerra con los realistas fueron: al norte, el Paso Comecaballos en La Rioja y el Paso de Guana en San Juan; y al sur, el Paso El Portillo Argentino en Tunuyán y los pasos El Planchón y Las Damas en San Rafael.

 

De relevancia mundial

Para poner en perspectiva la actuación del Ejército de los Andes, Rafael Barni, presidente del Instituto de Historia Militar, aseguró que muchos expertos la comparan con lo que hizo Aníbal Barca cuando cruzó los Alpes con sus elefantes para dar la batalla en Roma.

“Yo creo que la del Ejército de los Andes fue una empresa aún más compleja por las características de la cordillera y por la magnitud del ejército. También por la posibilidad de tener una batalla apenas llegaran al otro lado”, expuso el experto.

Según relató, la campaña de San Martín se estudia en historia militar en muchos ejércitos del mundo. “Por la planificación, por la calidad y porque juega la instrucción militar de San Martín, él sabía cómo instruir a su caballería, infantería y artillería”, destacó.

También mencionó que un líder como San Martín supo transmitir la motivación. “Es nervio motor en última instancia para que un ejército sobrelleve las penurias”, manifestó y añadió que, durante el cruce, el ejército tuvo más bajas de animales que de personas.

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