San Martín en el Valle de Uco y los pasos de la gesta

Desde el actualizado Manzano Histórico hasta el antiquísimo Fuerte San Carlos; desde el patrimonial Paso del Portillo hasta la derruida Casa de los Villanueva, donde fue alojado.

Los hay restaurados, destacados con hermosos monumentos, sazonados -a veces por demás- con historias y de puertas abiertas a los turistas. Otros son blancos de polémicas y debates. Pero también están los condenados al abandono, víctimas del olvido y la inacción cultural, los que pasan inadvertidos en medio de pastizales o en plenos centros urbanos, conteniéndose las ganas de gritar los relatos que atesoran.

Todos son sitios testigos del paso de San Martín por el Valle de Uco y por ello contienen una huella histórica. Desde el turístico y actualizado Manzano Histórico hasta el antiquísimo Fuerte San Carlos, de más bajo perfil. Desde el patrimonial Paso del Portillo (a 4.380 metros sobre el nivel del mar) hasta la derruida Casa de los Villanueva, donde era alojado por sus compadres.

El General recorrió los senderos de este territorio valletano en varias oportunidades, pero hubo dos momentos claves: cuando pergeñaba su hazaña libertadora en 1814 y 1816 y cuando regresaba de la misma, en 1823. La ‘Consulta’ a los aborígenes y el estudio del terreno marcaron la primera etapa. El reencuentro con amigos tras la victoria signó la segunda.

 

El Fuerte de San Carlos

Sólo un trozo de cimientos a la intemperie -escondidos debajo de varias capas de pintura- es lo que queda de la estructura original del Fuerte de San Carlos. Dicen los vecinos que existe un proyecto para ponerlo en valor. Fue “construido por orden de la Capitanía General de Chile, en 1770, en el paraje denominado ‘Posta de la Isla o Real de San Carlos’”, como recuerda el vecino e investigador, Alberto Piatelli.

En este “punto se produjeron enfrentamientos con los indígenas, pero también acuerdos e intercambios culturales”, sostiene en su libro ‘San Martín en el Valle de Uco’. En 1772, se creó allí la villa de San Carlos. Al valor fundacional que tiene para los sancarlinos, San Martín le sumó el ser un punto clave en el armado de la gesta libertadora. En setiembre se cumplirán 200 años del día en que el General recaló allí para reunirse con las tribus de la nación Pehuenche.

Entonces, el Fuerte ocupaba una manzana. El paso del tiempo lo fue destruyendo, aunque llegó a funcionar allí el municipio y la Policía. El ingreso era por frente a la plaza, donde hoy están las puertas de la escuela que lleva su nombre. Lo único que refleja la arquitectura de época es la réplica de dos torreones, que hoy funcionan como pórticos del Archivo Histórico y Museo municipal. Entre muchas cosas de valor, allí se puede ver una maqueta del Fuerte y dos viejos cañones anteriores a la gesta libertadora.

 

 

La Consulta

Hay quienes dicen que el encuentro con los caciques fue dentro del fuerte. Otros hablan de que se dio en un lugar donde habían tres enormes álamos, que según la transmisión oral sancarlina sería donde hoy funciona el viejo Centro de Salud distrital, sobre calle Ejército de los Andes. Allí no hay placa ni reseña que lo indique.

El profesor José Conrado Antonioni invita a no perderse en detalles menores y recalar en el “magnífico hecho” que tuvo lugar en “la región de La Consulta”. “Como el jefe militar que era, seguro hizo escala en el Fuerte. No podía aparecer desprovisto en tierras que no conocía.

Pero lo del lugar es muy discutible. Se dice que la verdadera consulta se hizo afuera. Para que los caciques no se sintieran ofendidos, él salió al sitio donde gobernaban”, señala.

“Muchos se quedan en la letra chica”, dice el presidente del Centro de Estudios e Investigaciones Libertador Gral. San Martín. “No discuto que fue un maestro del engaño y de la información falsa como estrategia, pero su objetivo allí era poner en el corazón de los aborígenes el mensaje de libertad. Y lo consiguió. Los caciques Ñacuñan y Sayhueque quedaron tan conmovidos, que ambos le regalaron sus ponchos, que eran símbolo de su realeza”, destaca.

La única referencia física a este momento es el nombre de la plaza distrital “La Consulta del Gral. San Martín” y el monumento que la preside, donde se lo ve de pie y apoyado en su sable corvo.

 

Paso del Portillo

Se sabe que el Libertador analizó el cruce a Chile por el Portillo, desde distintas aristas antes de convencerse de que no podía pasar con todo el Ejército. Sin embargo, el hito más significativo en este paso se dio la mañana del 23 de enero de 1823.

“A la salida del portezuelo, en un faldón del camino, lo estaba esperando con el mate caliente su ahijado (de casamiento) Manuel Olazábal. Aún sobre la mula, él lo abraza y mantienen un emotivo diálogo”, cuenta Antonioni. Esa imagen de San Martín, vestido de civil, es la que inmortalizó con su pincel Fidel Roig Matóns y la que retrata en el monumento Retorno a la Patria del Manzano Histórico, realizada por el artista Luis Perlotti.

En honor a aquel encuentro, ese sitio de la cordillera tunuyanina se llamó ‘Real de los Amigos’, hecho que bien puede pasar desapercibido para el turista o escalador que husmea estos senderos y no conoce la historia.

En cuanto a la ventanita de inigualable belleza -por la que asomó San Martín, pero que también guarda la historia de jesuitas, arrieros y comerciantes que por siglos han pasado por ahí a Chile- hoy es objeto de polémica. El año pasado, y con la anuencia del gobierno de Francisco Pérez, una topadora de Vialidad ensanchó el paso y arrasó con su forma y senda originales. Lo hizo sin estudio de impacto ambiental. La acción fue repudiada por ambientalistas, baqueanos y patrimonialistas; pero aplaudida por quienes fomentan el desarrollo turístico del lugar.

 

Manzano Histórico

Éste es, quizá, el sitio sanmartiniano mejor cuidado del Valle de Uco. En los últimos años, el municipio ha invertido en remodelaciones y servicios para potenciarlo como atractivo turístico y lo ha logrado.

“Esto es lo que se pudo rescatar del primer retoño”, señala Claudia Arce, mostrando un trozo de madera tras una vitrina. Ella es quien recibe a los turistas en el museo sanmartiniano y les transmite su pasión por las historias. “San Martín y su comitiva pasaron la noche debajo de un manzano silvestre, el cual cubrieron con ponchos para abrigarse. Aquel manzano fue arrasado por una tormenta de viento blanco. A uno de sus retoños se lo reubicó y hoy vamos por la cuarta generación”, comentó.

 

 

Casa de los Villanueva

Sólo quedan algunas habitaciones en pie, pisos que supieron ser de pinotea, paredes apuntaladas y otras que ya son escombros. Cuando uno ve esa casona raída y condenada al olvido cuesta creer que -entre esas paredes y jardines- el Libertador imaginó su gesta y compartió momentos entre amigos. Sin contar el valor fundacional que tiene para Tunuyán y la incidencia que tuvo en el mapa político de la Mendoza inicial.

La estancia El Totoral pertenecía a los Delgado, era de 6.300 hectáreas y su casco es lo que hoy se conoce como la Casa de los Villanueva. San Martín tenía un hospedaje seguro allí porque los ideales políticos lo habían unido en amistad con don Juan Francisco.

Además, su mujer María Josefa era madrina de Merceditas. Se conocen dos pasos argumentados del Libertador por la casa, pero los historiadores creen que fueron más.

Pese al gran interés que despierta su valor histórico (fue declarada patrimonio municipal en 1989 y provincial en 2015), nunca existió el dinero y la voluntad gubernamental para ponerla en valor. “Quizá ya no se pueda rescatar más que partes del edificio, pero lo importante son las historias que tiene para contar”, señaló Alberto Moscuen, uno de sus actuales propietarios.

 

A la espera

Hay muchos sitios o caminos que recorrió el General por el Valle de Uco y que no han sido destacados más que en los escritos de algunos historiadores. Algunos son sólo hipótesis en estudio. Como las ruinas de unos corrales que están en Campo los Andes, en lo que fue la estancia El Melocotón, y que el investigador Piatelli sostiene que eran caballerizas del Ejército de San Martín.

Otros lugares, en los que se comprobó su estadía, no han sido rescatados. Un ejemplo es la vieja Posta del arroyo La Estacada, ruinas que terminaron de perderse cuando se construyó la doble vía de la ruta 40, cerca de Zapata en Tupungato. El 2 de febrero de 1823, tras dejar la casa de su amigo Delgado, San Martín habría pasado la tarde y noche en la posta de don José María Correa del Saá.

Además del cuidado de caballos propios de las viejas postas, el hombre ayudaba a cruzar este arroyo hondo y pantanoso. “Cuando se enteró que era San Martín, no lo dejó ir. Era padre de dos soldados de su Ejército, que seguían en batalla con Bolívar”, cuenta Piatelli. El sitio nunca fue reconocido y está lleno de malezas a la vera del camino.

 

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