Sobre talla política: Portezuelo y La Remonta

Sobre talla política: Portezuelo y La Remonta

Anabel Fernández Sagasti

Ante la polémica suscitada por la presentación de un trabajo de investigación desarrollado por nuestros equipos técnicos respecto del aprovechamiento integral del Río Grande, resulta oportuno ampliar algunos conceptos que aporten al debate sobre el tema.

El Río Grande, sobre el que se ubicará la presa de Portezuelo del Viento, es un río interjurisdiccional que nace en Mendoza y es afluente del Río Colorado que desemboca en la provincia de Buenos Aires. En este sentido, resulta necesario destacar que del total de su caudal a nuestra provincia le corresponden 34 m3 por segundo, lo que equivale al 20 por ciento del recurso hídrico provincial. Para ser más gráficos, estamos hablando de más de medio Río Mendoza corriendo aguas abajo sin aprovechamiento alguno.

Si bien una vez que esté construida la presa se generará energía y se regulará el río, debemos dejar en claro que Mendoza tendrá beneficios por la generación energética pero no ampliará su frontera agrícola ya que no incrementará la zona irrigada, mientras que la provincia de Buenos Aires potenciará una zona con disponibilidad de agua de 125 mil hectáreas.

Es fundamental resaltar que Portezuelo del Viento es una obra que se realizará con fondos de todos los mendocinos, ya que forma parte del acuerdo por el litigio de la promoción industrial realizado en el año 2006 por el entonces Presidente Néstor Kirchner y el ex Gobernador Julio Cobos. Es decir que nuestra provincia es la que está invirtiendo en este proyecto, es erróneo suponer que su realización se basa a aportes del gobierno nacional.

El estudio que desarrollamos sostiene que tomando como referencia el valor de la energía generada a futuro, los beneficios totales para la Provincia estarán por debajo del costo de la inversión a realizar en la presa. Por lo tanto, para mejorar esta situación es necesario trabajar en una iniciativa que abarque además de la construcción de Portezuelo, el trasvase de las aguas del Río Grande al Río Atuel, decisión que permitiría irrigar más de 60 mil hectáreas en zonas cultivables en el sur provincial.

Nosotros no planteamos que Portezuelo no se haga, lo que decimos es que tiene que quedar claro que sin el trasvase, los mendocinos estamos invirtiendo en una obra que resuelve el problema de la zona irrigada de Buenos Aires, pero no permite la utilización de recursos hídricos que permitan ampliar la frontera agrícola de nuestra provincia.

Apoyamos la construcción de la Presa, pero entendemos que resulta necesario trabajar en el aprovechamiento integral del Río Grande y, en ese sentido, los actuales dirigentes estamos en la obligación de generar proyectos e iniciativas para las obras que serán desarrolladas en el futuro. Incluso, si Mendoza guarda silencio respecto de la necesidad del trasvase, los pampeanos y bonaerenses otorgarán derechos de riego en base a la nueva disponibilidad de agua que tendrán una vez construida la presa, dificultando la realización de esa obra tan necesaria para la provincia.

Con respeto, pero con la clara convicción del trabajo que realizamos, no puedo aceptar que se nos diga que esto es un tema de personalismos. Con errores y aciertos, desde la oposición queremos construir nuevos equipos que permitan otorgarle a muchos mendocinos, capacitados y profesionales, la posibilidad de aportar al debate de la Mendoza que queremos para el presente y el futuro. Es por esto que la Licenciada Amalia Granata, quien coordinó el trabajo que presentamos, ha explicado en todos los medios y de cara a la sociedad los alcances de nuestra visión.

En el mismo sentido, siempre hemos estado a disposición del Gobernador para tener una estrategia común respecto del Río Atuel, de hecho, le enviamos una carta pidiendo que nos convocara para una reunión con todos los legisladores nacionales y nunca tuvimos respuesta.

El cuestionamiento a los intereses que representamos contiene una simple respuesta, defendemos el interés de los mendocinos que seremos quienes financiemos la obra de Portezuelo del Viento. Por lo tanto, nuestra vocación es velar por los beneficios de Mendoza, más allá de los comentarios de algunos dirigentes radicales que venden el proyecto como un regalo del presidente Mauricio Macri.

En cuanto a la talla política a la que alude Enrique Vaquié, a quien respeto, solo puedo decir que, para tenerla, hay que ser humilde. En lugar de cuestionar la legitimidad de nuestro planteo, hay que tener coraje para abrir el debate sobre los temas estratégicos de la provincia, algo que lamentablemente no ocurrió con la venta de los terrenos de La Remonta. El gobierno nacional decidió el remate de una superficie equivalente al 25 por ciento de las tierras irrigadas del Valle de Uco en base a un proyecto que, según mi punto de vista, no fue investigado en profundidad y no está probada su sustentabilidad. En realidad, se trata de una iniciativa sin consenso social, redactada a las apuradas con la anuencia de algunos funcionarios mendocinos, entre los que se encuentra el propio Vaquié.

Es por eso que resulta extraño entender como aquellos que dicen que hay que poner a Mendoza por delante son los mismos que cuando tienen que planificar el futuro de los mendocinos, deciden armar un remate con el claro objetivo de repartir la tierra entre un puñado de millonarios sin tener en cuenta la realidad de los habitantes de la región.

En el caso de la Remonta, la prioridad deberían ser los valores, que al decir de Vaquié “llevamos desde siempre en nuestra sangre, la defensa de la cultura del trabajo y le necesidad de fortalecer un proyecto colectivo”. El revoleo de tierras que intentaron impulsar de modo hermético y a espaldas del pueblo obligó a otros dirigentes radicales a presentar amparos para frenar la medida y a nosotros, “los personalistas”, a presentar un Proyecto de Ley para que la Nación le transfiera las tierras al gobernador Cornejo con cargo de promover una iniciativa de desarrollo socio-productivo que sea sustentable e incluya la participación de la comunidad de los municipios involucrados.

La democracia implica disenso, aceptación de puntos de vista diversos y la posibilidad de confrontar ideas que nos permitan construir nuevos consensos. En esta línea se inscribe nuestro trabajo.

Anabel Fernandez Sagasti 

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