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La cosecha del ajo empezó con anticipación en el Valle de Uco

SAN CARLOS– La cosecha del ajo arrancó adelantada este año como resultado de la sequía y los fuertes vientos en el Valle de Uco.

El ajo sancarlino se posiciona como favorito a nivel internacional y su precio es bueno, según analizan los especialistas, pese a que aumentaron los costos de producción.

Desde hace unos días comenzó el incesante tránsito de camiones cargados con ajo por las rutas de esta región. A nivel nacional, San Carlos es uno de los departamentos más importantes en cuanto a exportación de ajo.

En diálogo con Diario UNO, el presidente de la Sociedad Rural del Valle de Uco, Mario Leiva, comentó que este año se adelantó la sacada del ajo “y en eso tuvo mucho que ver la sequía y los vientos que se registraron en este oasis de la provincia”.

El precio del producto para este año oscila entre $1,80 y $2 el kilo, valor que desde esa sociedad fue considerado “bueno. Creemos que se va a mantener”, agregó Leiva y confió que existen dos factores de mercado objetivos que así lo señalan. Este año China, el gran productor mundial, tiene menos ajo y por otra parte el área sembrada en Brasil ha disminuido.

“Este es un bueno momento para que el productor comience a agregar valor al ajo”, apuntó Leiva. Es decir, clasificarlo en el lugar de origen “o de lo contrario asociarse y levantar más galpones en el departamento”, analizó el ruralista.

San Carlos produce al año 7.000.000 de kilos de ajo de muy buena calidad. No obstante, los costos de producción aumentaron y por consiguiente bajó la rentabilidad. El incremento en los gastos de producción ha sido importante. La mano de obra aumentó a razón del 30%, mientras que el precio de algunos agroquímicos subió hasta el 50% con respecto al año pasado.

Leiva destacó que la mano de obra representa el 60% del costo del ajo.

Lo que viene
Para el titular de la Sociedad Rural, “el Gobierno provincial tiene que fijar políticas sustentables para el sector, cosa que hasta el presente no se ha visto”, sentenció.

Además, analizó que el dólar está muy devaluado en Argentina: “Tiene dos caras y nos deja fuera de competencia más que nada con las frutas de carozo y pepitas”, dijo Leiva.

Entre otras cosas, comentó que se debe lograr un equilibrio de relación con las monedas. Además, señaló: “Habría que trabajar con los costos de manera más integral y a largo plazo. Asimismo, deberíamos tener un régimen laboral para el ajo que sea específicamente de economía regional. Un régimen más dinámico, con aportes más directos para cortar la interminable lista de trámites burocráticos”, dijo.

Más adelante habló de la necesidad de permitirle al productor comprar el impuesto al momento de la venta, es decir, que pueda sacar el monotributo agropecuario al momento de vender “y no sostenerlo todo el año, lo que favorecería entre otras cosas el blanqueo de los trabajadores”, analizó el ruralista.

En tanto la cosecha y transporte del ajo generan una importante mano de obra entre la sociedad sancarlina que mira con buenos ojos el futuro de este producto.

fuente: http://www.diariouno.com.ar/edimpresa/2010/11/13/nota258315.html

Productores piden precio base para la fruta de la próxima cosecha

Aseguran que el sector está desorientado tras un año de trabajo a pérdida, sin mercados y con la posibilidad que la industria se autoabastezca. Un salvataje costaría $ 150 millones

 

Con un futuro inmediato verdaderamente incierto, sin señales consistentes de recuperación de los mercados y un presente cargado de pesimismo -luego de una temporada en la que muchos no pudieron cubrir los costos agrícolas- los productores de durazno para industrializar están desorientados.

La fuerte retracción de la demanda internacional, junto con las crecientes producciones de fruta y el incremento de la capacidad de proceso en las plantas fabriles, pusieron en marcha un mecanismo que, si no se encuentra la forma de desactivarlo, podría estallar mucho antes que el sector se disponga a iniciar la próxima cosecha, hacia fines de este año.

En efecto, cuando se intenta conocer con qué proyecciones se pone en marcha la nueva temporada, en el sector primario campea el pesimismo. Daniel Nieto, secretario de la Asociación de Productores de Duraznos de Mendoza es terminante cuando advierte que “iniciar la campaña es una expresión de deseos; prácticamente no podemos iniciarla, porque hemos terminado muy mal la temporada anterior, con precios (por la materia prima) que no cubrieron los costos de producción”.

El dirigente señala que en estas condiciones, “no podemos cumplir con nuestras obligaciones y no podemos arrancar el nuevo ciclo”.

Más aún, se preocupa por el futuro incierto de la actividad. “No vemos una luz en el camino” se lamenta el empresario.

“Peor que eso, nos comentan que hay sobre stock de durazno que ha quedado del año pasado, y si tenemos en cuenta que las plantaciones nuevas están entrando en producción, la temporada que viene vamos a tener por lo menos un 10% más de fruta… Estamos desalentados y desorientados; cuando lo que necesitaríamos tener hoy es un precio que nos permita al menos cubrir los costos de esta año de producción”.

Menos del costo

Desde el sector primario insisten en que los precios que obtuvo el agricultor en la pasada campaña, no alcanzaron a cubrir los costos de producción. Un relevamiento informal realizado entre referentes de distintas zonas permite ratificar los valores de los que hablábamos, en este suplemento, más cerca del final de la pasada temporada.

En promedio, han sido entre $ 0.50 y $ 0.55 por kilo de durazno de primera, cifra ésta que se achica luego de descontar el costo de la cosecha y las deducciones aplicadas según el sistema reclasificación de cada establecimiento industrial. Al final, habrían quedado de $ 0.38 a $ 0.40; cuando en la Zona Sur y en el Este, producir un kilo de durazno costó alrededor de $ 0.70. En el Valle de Uco, el costo puede haber fluctuado entre $ 0.45 y $ 0.50.

El boomerang

Esta diferencia responde, sobre todo, a considerables brechas de rendimiento entre una zona y las otras. Los montes valletanos deben estar produciendo, en promedio, entre 35.000 y 40.000 kilos por hectárea, y los del Sur y el Este, de 20.000 a 22.000 kilos.

Pero resulta que, según dicen en el sector primario, ni siquiera a los productores de Tunuyán, Tupungato o San Carlos les cierran los números con esas 35 o 40 toneladas por ha. porque “el precio pagado por la fruta de primera, es prácticamente el costo de producción (menos, en realidad, porque hay que pagar la cosecha y afrontar deducciones por clasificación).

Aunque en estas condiciones del mercado, ser más eficiente podría ser contraproducente.

Nieto lo plantea expresamente: “El problema que hay es que si aumentamos los rendimientos-dice- vamos a estar peor de lo que estamos, por el sobre stock mundial y del mercado interno.

La industria y los distribuidores no tienen a quién venderle porque los mercados externos – sobre todo los que son fuertes demandantes de duraznos argentinos- tienen suspendidas las importaciones; como es el caso de México”.

La otra vía

Está visto que, al menos en esta coyuntura, un esquema de mayores rendimientos no resolvería el problema, sino que lo agravaría. Se volvería, como un boomerang, en contra de la actividad en su conjunto.

Por el lado del precio, cabe preguntarse, en primer lugar, ¿por qué la industria pagó lo que pagó en la última temporada? Hay quienes admiten que el industrial tomó una posición dura de precios entre $ 0.50 y $ 0.55 porque se estaba en medio de la crisis, con mercadería del ciclo 2007/2008 en stock por la retracción de la demanda internacional, que ya se notaba hacia mediados del año pasado.
 
Venían frenándose los embarques de México, Rusia había parado la compra de pulpa y Brasil (que tiene producción propia) había pedido cuotificar los envíos de producto argentino.
 
Ante ese panorama, los procesadores tomaron como política la única variable de ajuste que tienen, que es la materia prima, previendo la dureza de los negocios. De hecho, ya en septiembre del año pasado los industriales proponían reunirse con los productores, un par de meses después, para acordar los cursos de acción; pero nada de eso habría sucedido (ver aparte).

Acorralados

De modo que, ser más eficientes agudizaría la situación de sobreoferta. Mientras que, mejorar el precio pagado por la materia prima hasta superar el costo de producción (debería considerarse una rentabilidad razonable para el productor) podría repercutir a tal punto en el final de la cadena, que el producto terminaría, eventualmente, con un valor que quizás el mercado no estaría dispuesto a convalidar.

Al menos para el segmento de la producción primaria, la situación parece no tener salida a la vista, mientras no se resuelva la situación del mercado.

Si la demanda (mundial sobre todo) se reactivara un poco, el escenario podría cambiar en alguna medida, al menos para la industria. Porque se iría liberando stock e iría quedando margen para elaborar algo de la próxima cosecha. Claro que, con lo que los propios establecimientos fabriles han venido plantando, hoy en día dispondrían, en conjunto, probablemente más de la mitad de la producción total de materia prima de la provincia.

Si esto fuera así, y si los mercados no experimentaran un despegue importante, habría que ver qué pasa con la fruta de los productores independientes. “Ese el gravísimo problema que tenemos -admite Nieto-. La gran preocupación nuestra es que por la crisis de mercado que tenemos, a la industria le alcance con lo que produce”.

La única salida

Desde el sector industria, en tanto, creen que para poder destrabar la situación de la industria (con lo que se podría llegar a despejar el escenario para el sector primario) es trabajar mucho sobre los mercados. Pero se advierte que durante el último año, desde julio de 2008 y hasta la semana pasada hubo al menos reuniones a nivel nacional, y el avance ha sido cero, “porque no somos una economía que pese para el Gobierno nacional –se lamentan- y no se ha avanzado sobre ningún mercado nuevo.”

Por otra parte, se plantea la necesidad de negociar el arancelamiento del ingreso a otros países con producción local. “Chile entra sin arancel y, por más que tengamos los mismos costos, no podemos competir porque nuestra mercadería paga entre 14% y 16%, según los destinos. Además de las retenciones, que son de 5% para enlatado y pulpa; y aunque el reintegro es equiparable, llega tarde y eso genera desfinanciamiento”.

Por otra parte, hay quejas porque “el puerto de Buenos Aires es uno de los más caros del mundo” y porque “los fletes son carísimos para un recorrido de 1.100 km”; mientras que para pasar por Chile “hay 6 meses con problemas para transitar por las condiciones del clima”.

Un paso más

Ante la eventualidad que la industria pudiera abastecer sus procesos con su producción primaria, se punto, cabe plantear la alternativa de la integración de productores para industrializar y, llegado el caso, comercializar.

Sobre este punto, el gerente de la Asociación de Productores, Carlos Quinteros reconoce que “es un paso posible, eso nunca se desecha” pero advierte: “Qué sacaríamos hoy con que el productor se transforme en industrial si el negocio no es sostenible, le estaríamos sumando otro problema. Cuando el negocio no es para todos, el sector deja de ser sector”. ¿Qué mensaje le dan hoy al productor, entonces?

“Hoy no tenemos mensaje -admite Nieto- Ese es el problema. Nos llaman, preguntan, venimos de las reuniones, y no tenemos respuesta; no tenemos nada para decirles a los productores. Hoy necesitamos una señal de la industria, del Gobierno, una luz en el fondo del túnel; y esa señal es por lo menos tener un precio base para cubrir los costos, sin entrar a hablar de rentabilidad.”

¿Quién pagaría ese precio base?, es la pregunta que se impone. “La industria, o el Gobierno. De algún lado tiene que salir, para ver si puede seguir el negocio. Llámelo subsidio, compensación, como se quiera”.

Varios millones

Haciendo una cuenta rápid y muy gruesa, por cierto, se podría ponerle números a este planteo. Habría que disponer de una cifra que superaría los 150 millones de pesos.

Serían 132,5 millones de pesos por el producto elaborado en mitades (40 millones por la materia prima y unos 92,5 millones por el proceso industrial respectivo e insumos).

A eso se deberían agregar otros 21 millones de pesos por el durazno destinado a pulpas (13,5 millones por la materia prima; y 7,6 millones de pesos más por su elaboración).

Según el razonamiento de quienes entienden el negocio, esos valores se alcanzarían por lo siguiente.

Suponiendo que, sobre una producción total de 180 millones de kilos (de no mediar accidentes climáticos) la industria tenga unos 100 millones de kilos propios (y que con eso pudiera abastecerse) estarían quedando prácticamente sin mercado alrededor de 80 millones de kilos de durazno “fabriquero”.

Podría estimarse que, de ese volumen, unos 50 millones de kilos sería fruta de primera, que iría a la elaboración de mitades. Un precio “sostenible” (dicen en el sector) para el productor primario, no debería ser menor que $ 0.80 por kilo de esa fruta de primera calidad. Serían 40 millones de pesos, sólo en materia prima.

Pero como la razón de ser de esa producción es su destino industrial, habría que agregarle los costos de manufactura. Ese volumen se transformaría en algo más de 66 millones de latas (a razón de 750 gramos de materia prima por lata) las que, con un costo industrial directo -a valores de la última temporada- de $ 1,40, sumarían casi 92,5 millones de pesos más.

Serían un total de 132,5 millones de pesos (unos $ 2 por cada una de las 66 millones de lata salidas de fábrica).

Los otros 30 millones de kilos producidos (suponiendo que fueran cosechados) tendrían por destino la elaboración de pulpas. A razón de ”no menos de $ 0,45” por kilo para el productor, ya tendríamos unos 13,5 millones de pesos en concepto de materia prima.

El proceso de esas 30.000 toneladas, a razón de 3 de materia prima por una de producto final, nos dejaría unas 10.000 toneladas de pulpa, con un costo industrial directo de alrededor de 200 dólares la tonelada (unos 7,6 millones de pesos, si tomamos un dólar de 3,80 pesos)
Cabe apuntar que, para el caso de la industrialización, se consideran los costos aproximados directos (inherentes sólo al proceso de transformación), vigentes para la última temporada.

Pero habrá que ver cuáles serán las tarifas de gas y energía eléctrica; cuál será la evolución del costo de la mano de obra (el acuerdo vigente expira en diciembre) y la evolución del precio de la hojalata que, por ahora “está políticamente frenado” dicen en el sector.